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martes, 5 de febrero de 2013

la cura perfecta: exceso de charlas con amigas

Me puse a leer una nota de una de las tantas revistas que me compro cada mes. Una entrevista que le hicieron a un biólogo molecular que habla sobre la química del amor. Un tema interesante, ya que siempre relacionamos el amor con cosas cursis y nunca con lo científico. Como toda sensación, tiene que ver con el trabajo que tiene nuestro cerebro, y este profesional explica cómo funciona el enamoramiento, por qué las mujeres hablamos tanto y por qué, a diferencia de los hombres, podemos hacer varias cosas al mismo tiempo.
El tema central de este post no es la entrevista a este hombre que, aparentemente es muy inteligente. Pero al finalizar la nota, hay una columna titulada: Claves para superar una crisis amorosa. Y abajo enumera cuatro tips para lograrlo. Uno de esos items dice lo siguiente: Evitar el exceso de charlas con amigas. Sí, así con la palabra 'exceso' subrayada. No puedo explicar mi enojo al leer ese pequeño párrafo. No tengo nada en contra de esta entrevista y todo lo que dice el experto, porque es ciencia y no puedo criticar lo que dice una persona que recibió una propuesta para trabajar en Harvard. Pero ese consejo me dejó pensando lo bien que me hace hablar de mis fracasos (no sólo amorosos) con mis amigas.
El breve párrafo relata: "Está comprobado que hablar con amigas permite descargarse, pero no alivia la emoción negativa. La historia se relata de manera desestructurada, y a veces te detenés en hechos que pueden no haber sido relevantes. Además, una tiende a recurrir al amigo que dice lo que quiere escuchar". Bueno, no estoy de acuerdo.
Mis amigas son mi cable a tierra cuando estoy en crisis. Si hay algún problema del tipo amoroso, laboral, familiar o facultativo, siempre nos juntamos. Cualquier motivo es excusa para reunir al grupo entero, ya sea para hablar, escuchar o distraernos. Nos hacemos bien entre todas.
A través de los años las relaciones suelen cambiar. Terminás el colegio y comenzás una nueva vida. Cuesta planear encuentros y salidas porque no coinciden con los horarios; conocen gente nueva; consiguen trabajo o tienen unos horarios horribles en la facultad. O como pasó en mi caso, todas se metieron a estudiar carreras complicadas, de gran carga horaria, y yo conseguí un trabajo para llenar esos tiempos libres con una carrera un poco más light. Todas se pusieron de novias y yo conocí un grupo de chicas que, hoy, considero que son mis mejores amigas.
Esto que describí tiene algo que ver con la crisis del cuarto de vida. Pero esta supuesta crisis no va a despegarme de mis amigas de toda la vida. Hay gente nueva, cada vez cuesta más organizar algo para vernos, tenemos otros tiempos, pero a pesar de todo, siguen siendo mis amigas. Son las que me conocen desde siempre. Y aunque haya momentos de distancia, en las buenas y en las malas estamos. Pasamos años de risas, llantos, viajes, anécdotas y amores. Pero seguimos juntas a pesar de todo.
Tengo la buena suerte de decir que tengo las mejores amigas del mundo (ambos grupos). No exagero.
Y si no fuese por todas esas conversaciones en exceso que compartimos, esto no sería lo mismo. Hoy no estaríamos todas juntas y nuestras vidas serían un embole. Porque cuando yo voy a plantear un problema, no espero que me digan lo que quiero escuchar. Quiero la verdad, sus opiniones, por más duro que sea de escuchar.
Así que, yo opino que, para superar una crisis amorosa hay que disfrutar el exceso de charlas con amigas. Hablemos, riamos y lloremos, pero hagámoslo juntas.
K.



lunes, 28 de enero de 2013

crónica de un preboliche a ciegas

La felicidad que sentí con la vuelta de mis amigas no se puede comparar con nada. Bueno, capaz estoy exagerando, pero como ya dije, enero en la city es más aburrido que presenciar un partido de ajedrez (no offense). Encima ya volvieron con pretenciones y me encomendaron la organización del primer preboliche del año. Un honor que me hace sentir privilegiada... Mentira, pero el hecho de que ellas hayan vuelto me da pilas para cualquier cosa. Ojo, muchos pueden decir que la organización del pre es una pavada, pero si se quiere hacer bien, lleva su tiempo. Y, sinceramente, mis amigas no se conforman con cualquier grupito disponible (me incluyo en la bolsa).
Entonces me puse a buscar. Dicen que el que busca encuentra, y así fue. Un pre que me había quedado archivado en el cajón porque nunca coincidíamos. El típico chico que conocí en un cumpleaños y nunca más volví a ver, pero insiste en reunir a sus amigos con las mías. Clásico.
Me puse en pesada y no paré de insistir hasta que el susodicho aceptó. A ver, no se puede rechazar una propuesta así en enero. Y como plus, le dije que nosotras íbamos a su zona, así no tenía que trasladar a todo el grupito de amigos vagos que sólo se mueven por San Isidro. Costó, pero yo no paro hasta conseguir lo que quiero (otra vez exagerando).
Llegó el día. Cata, Agusti, Guille, Guada y yo nos íbamos para el north a pasarla bien. Pero el traslado a San Isidro fue una cosa de locos porque todas vivimos en diferentes puntos de Buenos Aires. Y acá no exagero cuando digo que las cosas nos salieron bien porque somos lo más.
Guille y Guada se tomaron un remís. Cata se tomó otro. Agus se subió al 338 y a los pocos minutos yo me sumé en su trayecto. La coordinación fue increíble. 10 puntos.
En pleno viaje empezaron los problemitas técnicos. Y cuando hablo de problemas técnicos no me refiero al colectivo (que, por cierto, fue un lujo). El organizador del encuentro nocturno se dio de baja a último momento. Dijo que estaba muy cansado y tenía que trabajar al día siguiente, por lo tanto, no iba a estar. Y al aclararnos que sus amigos nos esperaban igualmente, agregó la frase: "Se van a pegar alto embole porque son pocos". Claaaaaaro, aguafiestas, arruiname un poco más la noche. Obvio que eso no nos frenó.
A último momento nos cambiaron la dirección, algo que fue un punto a favor porque nos quedaba más cerca de donde nos había dejado el colectivo. Pero el miedo de llegar a un lugar sin conocer a nadie se notaba en nuestras caras. Nos clavamos la mini de lentejuelas, nos peinamos y nos la jugamos.
Así fue como llegamos a la casa de Pancho, un lugar sin decoración y en plena obra, pero con mucho alcohol y hombres para iniciar una buena noche. Para mi sorpresa, conocía a uno de los chicos, así que la cosa no fue tan difícil de llevar. Los silencios incómodos se mataban con las preguntas típicas del estilo: cómo te llamás, qué hacés de tu vida, a dónde se fueron de vacaciones y de dónde se conocen.
Se trataba de un grupo de alrededor de diez chicos (esperábamos menos) que, al igual que nosotras, era un mix, es decir que se conocían por diferentes motivos. Algunos de novios, otros solteros y otros en un estado indefinido. Pero todos muy copados.
Nuestra idea era salir después, pero el preboliche a ciegas fue un éxito y terminamos quedándonos ahí. Bailamos la música que pasaba la radio, tomamos mucho, jugamos, charlamos y hasta anduvimos en moto con Gonzalo, un chico muy simpático que se bancó a dos minitas hinchas que querían dar mil vueltas y sentir la adrenalina (no voy a decir quiénes fueron). Las charlas llegaron a ser muy profundas, demasiado en algunos casos. Dos de las chicas la pasaron muy bien y yo me caí en el estacionamiento de McDonald's.
Pasaron muchas cosas, algunas que no nos acordamos. Pero lo más importante es que fue todo tan bizarro que la pasamos muy bien. Y se ve que ellos también, porque al día siguiente nos volvieron a invitar. No les dimos el gusto porque dos noches seguidas es too much. Pero tengo el presentimiento de que se viene la revancha.
K.

viernes, 25 de enero de 2013

Buenos Aires en enero es perjudicial para la salud

Siempre al final del día, antes de dormirme, pienso en todo lo que me pasó durante la jornada. Hay días que son un embole, pasan a dos por hora y pensás mi vida apesta. En cambio, hay otros que son una fiesta y te pasan mil cosas. Por ejemplo, HOY.
Además de mi rutina de verano en la que el despertador suena a las nueve, me levanto a las diez y me tiro media hora al sol para después prepararme para ir a trabajar; tuve uno de los peores viajes en tren con casi 40°C de sensación térmica y una familia digna de una película llamando la atención en el vagón. En serio, nunca pensé que iba a ver gente tan desagradable sin dientes, que se saca los piojos como los monos y no hace nada para calmar a sus hijos molestos. Fue un viaje laaaaaaargo.
Caminar por el centro en enero es inhumano, por lo tanto no estaba hecha una diosa como para encontrarme con EL bombón de la compañía de seguros. Obvio que me lo encontré.
Me puse a estudiar (sí, una locura) y me olvidé que tenía que ponerme la diez y conseguir pre-boliche para la noche de mañana. Finalmente vuelvo al ruedo. Mis amigas confían en mi labor de RRPP que, aparentemente sólo funciona en el verano, entonces activé... Y creo que lo conseguí.
La emoción que tengo porque mañana vuelvo a salir, me supera. Mis plataformas ultra high están llorando en el fondo de mi placard y me piden a gritos que las saque a pasear. Y aunque con ellas tuve, literalmente, muchas caídas, no puedo hacerles eso. Así que, mañana pretendo volarme la peluca.
Muchas cosas pasaron por mi cabeza hoy: la familia del tren; el bombonazo de la compañía de seguros; definiciones de producción audiovisual. Lopilato y Buble van a tener un hijo. Piqué hizo un gol que le dedicó a su hijo. Shakira ganó un premio pedorro. El País de España se mandó terrible moco con la foto trucha de Chavez. La cantidad de grupos de chicos copados que están de vacaciones y me impiden hacer mi magia para organizar pre. Odio la 105.5 porque pasa reggaeton todo el día y salgo del trabajo con la cabeza a mil. Con un ex compañero de trabajo le pusimos nombre a una vaquita de San Antonio (Justo). No tengo que charlar con mi madre sobre 50 Sombras de Grey porque dice que es un asco. Tengo demasiadas ganas de sacar a la caradura que hay en mí y mandarle mi curriculum vitae a una periodista muy copada.... Ah, y el genio de Fede Bianchini ganó el Premio Don Quijote de Periodismo, o sea, nueve mil euros. Nada mal, eh.
Definitivamente no es sano quedarse en la city en enero.
K.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Cheers, 2013

Frases hechas, como "¡Qué rápido se pasó el año!". Y así fue. Hay un cierto dejo de nostalgia en este 31 de diciembre, pero creo que es más que nada porque llueve, y la lluvia siempre da melancolía.
Te ponés a pensar en todo lo que viviste estos 365 días y de golpe te encontrás haciendo un balance del 2012, aunque siempre criticaste esa manía de los que te rodean.
A ver, cambiaste de trabajo, conociste gente nueva, tenés un año menos de carrera y bajaste un poco de peso. Pero así, con todo lo bueno, seguís considerando que fue un año nefasto. Como siempre, hay cosas buenas y cosas malas, y lo mejor es recordar los buenos momentos.
Si de algo estoy segura es que sin mi DT, mi 2012 no habría sido tan llevadero. Definitivamente se llevan el primer puesto de mi top 5. Y como dijo una gran amiga: "2012 me enseñaste que es mejor tener con quién superar los malos tragos de la vida, que brindar sola por los éxitos".
Por eso, hoy voy a brindar por todas esas personas nuevas en mi vida y por las que siguen estando en ella. ¡Por un 2013 lleno de malos tragos y éxitos compartidos!
K.